El cuidado de las uñas en manos y pies forma parte de la salud básica infantil, aunque muchas veces se subestima. Desde los primeros días de vida hasta la adolescencia, las uñas cambian en grosor, resistencia y ritmo de crecimiento, y cada etapa requiere una atención distinta. Mantenerlas limpias, bien cortadas y observadas ayuda a prevenir infecciones, heridas dolorosas y problemas como uñas encarnadas u hongos.
Ìndice de Contenidos
- 1 Cuidado de las uñas en bebés
- 2 Cuidado de las uñas en la infancia
- 3 Cuidado de las uñas en la adolescencia
- 4 Consejos generales para el cuidado de las uñas en todas las edades
- 5 Beneficios de un buen cuidado de las uñas desde pequeños
- 6 Problemas más comunes relacionados con las uñas en niños y adolescentes
- 7 Preguntas frecuentes sobre el cuidado de las uñas en niños
- 8 Enfermedades y alteraciones más comunes de las uñas en niños y adolescentes
Cuidado de las uñas en bebés
Las uñas de los bebés son extremadamente finas y flexibles, pero crecen con rapidez. A pesar de su suavidad, pueden causar arañazos en la cara y el cuerpo, sobre todo durante el sueño o cuando el bebé se mueve de forma involuntaria. Por este motivo es importante revisarlas con frecuencia y cortarlas de manera regular.
Lo más recomendable es hacerlo cuando el bebé está tranquilo o después del baño, ya que el agua las ablanda y facilita un corte más seguro. El corte debe ser recto y sin apurar demasiado los bordes para evitar heridas. Es fundamental usar tijeras o cortaúñas diseñados para bebés, ya que los de adultos son más grandes y difíciles de controlar. Ante cualquier pequeño corte, basta con limpiar con agua y vigilar que no aparezcan signos de infección.
Cuidado de las uñas en la infancia
Durante la niñez las uñas se vuelven más resistentes, pero también se ensucian con mayor facilidad debido al juego, el contacto con el suelo y los objetos. En esta etapa cobra especial importancia la higiene diaria, ya que bajo las uñas pueden acumularse bacterias y suciedad.
Cortarlas de forma regular evita que se rompan, se enganchen o se conviertan en foco de infecciones. En las manos es conveniente darles una forma ligeramente redondeada, mientras que en los pies se recomienda mantenerlas rectas para prevenir uñas encarnadas. Enseñar a los niños a lavarse bien las manos y a cuidar sus uñas forma parte de su educación en hábitos saludables.
También es frecuente que aparezcan conductas como morderse las uñas o arrancar piel alrededor de ellas. Aunque suelen estar relacionadas con nerviosismo o costumbre, pueden provocar heridas y facilitar la entrada de gérmenes, por lo que conviene abordarlas con paciencia y acompañamiento.
Cuidado de las uñas en la adolescencia
En la adolescencia las uñas ya tienen características similares a las de los adultos, pero surgen nuevos factores como el interés estético, el uso de esmaltes o la práctica deportiva intensa. En los pies, el sudor y el calzado cerrado pueden favorecer la aparición de hongos si no se mantienen bien secos.
El corte debe seguir siendo regular, cuidando especialmente que las uñas de los pies no se redondeen en exceso. La higiene diaria, el secado completo tras la ducha y no compartir utensilios de manicura son medidas básicas para prevenir infecciones. En cuanto a esmaltes y uñas artificiales, no son perjudiciales si se usan con moderación y se dejan periodos de descanso para que la uña se mantenga sana.
Consejos generales para el cuidado de las uñas en todas las edades
Independientemente de la etapa de crecimiento, hay una serie de pautas básicas que ayudan a mantener las uñas sanas y a prevenir la mayoría de problemas. Es importante utilizar siempre utensilios limpios para cortarlas, ya que las bacterias pueden transmitirse fácilmente si se comparten o no se desinfectan con regularidad. El corte debe ser firme pero cuidadoso, evitando apurar en exceso las esquinas, especialmente en los pies, donde esto suele provocar uñas encarnadas.
La higiene diaria también juega un papel fundamental. Lavarse las manos con agua y jabón, prestando atención a la zona de las uñas, reduce la acumulación de suciedad y gérmenes. En el caso de los pies, secarlos bien tras el baño o después de actividades deportivas es clave para prevenir la humedad, uno de los principales factores de aparición de hongos.
Conviene además observar de forma habitual el aspecto de las uñas. Cambios de color, grosor, textura o la presencia de dolor pueden ser señales tempranas de infecciones o pequeños traumatismos que requieren atención. Evitar que los niños se rasquen debajo de las uñas con objetos duros también ayuda a prevenir heridas y la introducción de bacterias.
Beneficios de un buen cuidado de las uñas desde pequeños
Enseñar a los niños a cuidar sus uñas no solo tiene un impacto inmediato en su salud, sino que también contribuye a crear hábitos de higiene que les acompañarán toda la vida. Unas uñas limpias y bien cortadas reducen significativamente el riesgo de infecciones, heridas y molestias dolorosas, especialmente en manos y pies, que están en constante contacto con superficies y humedad.
Además, el cuidado regular previene problemas comunes como las uñas encarnadas o los hongos, evitando tratamientos posteriores que pueden ser largos e incómodos. A nivel emocional, aprender a mantener una buena higiene personal refuerza la autoestima y la sensación de autonomía en los niños y adolescentes, haciéndolos más responsables de su propio bienestar.
Otro beneficio importante es la reducción de visitas médicas por pequeñas infecciones o lesiones que podrían haberse evitado con cuidados básicos. En conjunto, estas prácticas contribuyen a una mejor salud general y a una relación más consciente con el autocuidado desde edades tempranas.
Problemas más comunes relacionados con las uñas en niños y adolescentes
Entre los problemas más habituales se encuentran las uñas encarnadas, sobre todo en los pies cuando se cortan mal, pequeñas infecciones alrededor de la uña por heridas o mordiscos, y los hongos en adolescentes, especialmente en quienes practican deporte o usan calzado poco transpirable. También pueden aparecer manchas oscuras tras golpes, que normalmente desaparecen con el crecimiento de la uña.
Cuando hay dolor persistente, enrojecimiento, secreción de pus o cambios llamativos en el color o grosor de la uña, es importante consultar con un profesional sanitario.
Preguntas frecuentes sobre el cuidado de las uñas en niños
Muchos padres se preguntan cada cuánto tiempo deben cortar las uñas de sus hijos. En los bebés suele ser necesario hacerlo con mayor frecuencia en las manos, incluso una o dos veces por semana, mientras que en los pies el crecimiento es más lento y puede espaciarse más. En niños mayores y adolescentes, una vez por semana o cada diez días suele ser suficiente, aunque depende de lo rápido que crezcan.
Otra duda habitual es si es malo cortar las uñas muy cortas. Apurarlas demasiado puede provocar pequeñas heridas, inflamación e incluso facilitar la aparición de uñas encarnadas, por lo que siempre es mejor dejar un pequeño borde visible.
Respecto a los hongos en los pies, la mejor prevención es la higiene diaria, secar bien entre los dedos, usar calcetines limpios y optar por calzado transpirable. En piscinas o duchas públicas, es aconsejable utilizar chanclas para reducir el riesgo de contagio.
Muchos padres también se preocupan por el hábito de morderse las uñas. Aunque es común en la infancia, puede causar infecciones, deformaciones de la uña y entrada de bacterias en la boca. Lo más eficaz suele ser identificar si hay nerviosismo, aburrimiento o estrés detrás del hábito y ayudar al niño a gestionarlo con alternativas, en lugar de castigos.
Por último, es frecuente preguntarse si los esmaltes dañan las uñas. Usados de forma ocasional no suelen causar problemas, pero mantener las uñas siempre pintadas o con productos agresivos puede debilitarlas, por lo que conviene alternar con periodos sin esmalte.
Enfermedades y alteraciones más comunes de las uñas en niños y adolescentes
Las uñas también pueden reflejar problemas de salud o sufrir afecciones propias, muchas de ellas relacionadas con infecciones, golpes o malos hábitos de corte e higiene. Conocer las más frecuentes ayuda a detectarlas a tiempo y actuar antes de que se compliquen.
Una de las más habituales es la uña encarnada, que aparece cuando el borde de la uña, sobre todo en los pies, se clava en la piel. Provoca dolor, enrojecimiento e incluso infección si no se trata. Suele estar relacionada con cortes demasiado curvos o con calzado apretado, y es muy común en niños activos y adolescentes.
Otra afección frecuente es la paroniquia, una infección de la piel que rodea la uña. Se manifiesta con inflamación, enrojecimiento, dolor y a veces pus. Aparece a menudo tras mordiscos, heridas pequeñas o cuando se arrancan pellejitos alrededor de la uña.
Los hongos en las uñas (onicomicosis) son más habituales en adolescentes que practican deporte, sudan mucho o mantienen los pies húmedos durante largos periodos. La uña puede volverse más gruesa, amarillenta, frágil o deformada. Aunque no suele ser grave, sí requiere tratamiento para eliminar la infección por completo.
También pueden darse manchas oscuras o moradas bajo la uña tras golpes, conocidas como hematomas subungueales. En la mayoría de casos desaparecen conforme la uña crece, pero si el dolor es intenso o la mancha no se mueve con el crecimiento, conviene consultar.
En algunos niños aparecen uñas frágiles o que se rompen con facilidad, a veces relacionadas con humedad constante, mordisqueo, falta de ciertos nutrientes o uso excesivo de productos cosméticos en adolescentes.
Por último, cambios persistentes de color, grosor o forma pueden indicar desde infecciones hasta problemas dermatológicos, por lo que siempre es recomendable pedir valoración médica si no mejoran con cuidados básicos.
En conclusión, el cuidado de las uñas desde los primeros meses de vida hasta la adolescencia es una parte esencial de la salud infantil. Un corte adecuado, buena higiene y atención a posibles cambios previenen la mayoría de problemas y ayudan a que los niños desarrollen hábitos de autocuidado que les acompañarán toda la vida. Pequeños gestos cotidianos que marcan una gran diferencia en su bienestar.
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