La adolescencia es una etapa clave para la salud presente y futura. Aunque muchas enfermedades cardiovasculares y metabólicas aparecen en la edad adulta, sus bases comienzan a construirse mucho antes, y los hábitos adquiridos durante la adolescencia juegan un papel fundamental.
En los últimos años, dos factores han cobrado especial relevancia: el uso excesivo de pantallas y la falta de sueño. Ambos están profundamente relacionados entre sí y pueden tener un impacto directo en el corazón, el metabolismo y el bienestar general de los adolescentes.
Ìndice de Contenidos
- 1 El aumento del tiempo frente a pantallas
- 2 Cómo afectan las pantallas al sueño
- 3 La falta de sueño en la adolescencia
- 4 Relación con el riesgo metabólico
- 5 Impacto en la salud cardiovascular
- 6 Pantallas, sueño y estrés emocional
- 7 Señales de alerta en adolescentes
- 8 El papel de madres y padres
- 9 Recomendaciones básicas
- 10 ¿Qué recomienda el Plan Digital Familiar de la AEP sobre el tiempo de pantallas por edad?
El aumento del tiempo frente a pantallas
Móviles, tabletas, videojuegos, ordenadores y televisión forman parte del día a día de los adolescentes. Las pantallas no son negativas por sí mismas, pero su uso prolongado y sin límites puede desplazar actividades esenciales como el ejercicio físico, el descanso y la interacción social presencial.
Un exceso de tiempo sedentario favorece el aumento de peso, reduce el gasto energético diario y se asocia con hábitos poco saludables, como picar alimentos ultraprocesados o bebidas azucaradas mientras se usan dispositivos.
Cómo afectan las pantallas al sueño
Uno de los principales problemas del uso de pantallas es su impacto sobre el sueño. La luz azul que emiten los dispositivos interfiere en la producción de melatonina, la hormona que regula el ciclo sueño-vigilia. Esto dificulta conciliar el sueño y reduce su calidad.
Además, el contenido estimulante —redes sociales, videojuegos, mensajes constantes— mantiene al cerebro en un estado de alerta que impide una desconexión adecuada antes de dormir. El resultado es que muchos adolescentes se acuestan tarde, duermen menos horas y descansan peor.
La falta de sueño en la adolescencia
Los adolescentes necesitan, de media, entre 8 y 10 horas de sueño por noche. Sin embargo, una gran parte duerme menos de lo recomendado, especialmente entre semana. Esta privación de sueño no solo provoca cansancio, irritabilidad o dificultades de concentración, sino que tiene consecuencias más profundas a nivel fisiológico.
Dormir poco altera el equilibrio hormonal, afecta al metabolismo de la glucosa y modifica las señales de hambre y saciedad, favoreciendo una mayor ingesta calórica.
Relación con el riesgo metabólico
La combinación de sedentarismo, uso excesivo de pantallas y falta de sueño se asocia con un mayor riesgo de sobrepeso y obesidad, resistencia a la insulina y alteraciones en el metabolismo de la glucosa, factores que aumentan el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 en el futuro.
La falta de sueño incrementa la producción de cortisol, la hormona del estrés, y reduce la sensibilidad a la insulina. Además, altera las hormonas que regulan el apetito, aumentando el hambre y la preferencia por alimentos ricos en azúcares y grasas.
Impacto en la salud cardiovascular
Aunque las enfermedades cardiovasculares no suelen manifestarse en la adolescencia, los factores de riesgo sí pueden empezar a desarrollarse en esta etapa. El exceso de tiempo sedentario y la falta de sueño se han relacionado con aumento de la presión arterial, inflamación de bajo grado y alteraciones en el perfil lipídico.
Estos cambios, mantenidos en el tiempo, pueden favorecer la aparición de problemas cardiovasculares en la edad adulta. Por eso, la prevención debe comenzar cuanto antes.
Pantallas, sueño y estrés emocional
El uso constante de pantallas también puede aumentar el estrés emocional y la ansiedad, especialmente cuando se combina con redes sociales y comparación social. El estrés crónico contribuye a la activación mantenida del sistema nervioso y hormonal, lo que también influye negativamente en la salud cardiovascular y metabólica.
La falta de sueño, a su vez, reduce la capacidad de regulación emocional, creando un círculo vicioso difícil de romper.
Señales de alerta en adolescentes
Algunas señales que pueden indicar que el uso de pantallas y la falta de sueño están afectando a la salud del adolescente incluyen cansancio persistente, irritabilidad, cambios de humor, aumento de peso, dificultades de concentración, menor rendimiento escolar y escasa motivación para la actividad física.
No se trata de una señal aislada, sino de un patrón mantenido en el tiempo.
El papel de madres y padres
Las familias desempeñan un papel clave en la prevención. Establecer rutinas de sueño, limitar el uso de pantallas antes de acostarse, fomentar la actividad física diaria y promover hábitos de descanso saludables es una inversión en salud a largo plazo.
Más que prohibir, es importante acompañar, explicar y dar ejemplo. Los hábitos familiares influyen de forma directa en los adolescentes.
Recomendaciones básicas
Reducir el uso de pantallas al menos una hora antes de dormir, mantener horarios de sueño regulares, favorecer cenas ligeras, promover el ejercicio físico y reservar espacios libres de dispositivos son medidas sencillas que pueden marcar una gran diferencia.
También es importante hablar con los adolescentes sobre cómo se sienten, cómo duermen y cómo influyen estos hábitos en su bienestar.
¿Qué recomienda el Plan Digital Familiar de la AEP sobre el tiempo de pantallas por edad?
La Asociación Española de Pediatría (AEP), a través de su Plan Digital Familiar, ofrece pautas respaldadas por evidencia científica para que las familias gestionen de forma saludable el uso de dispositivos digitales como móviles, tabletas, ordenadores y televisores. Estas recomendaciones incluyen límites de tiempo diarios adaptados a cada etapa de la infancia y adolescencia, con el objetivo de minimizar los riesgos para la salud física, emocional y neurocognitiva.
Aquí están las principales recomendaciones de tiempo de uso según la edad:
0 a 6 años:
La AEP recomienda evitar por completo el uso de pantallas en niños menores de 6 años, ya que no existe un tiempo seguro de exposición en esta etapa temprana. Solo se permite el uso bajo supervisión adulta y con un objetivo concreto, como una videollamada familiar breve o actividades puntuales con contenido educativo compartido.
7 a 12 años:
En esta etapa escolar, el tiempo frente a pantallas —incluyendo el uso para tareas escolares y entretenimiento— debería limitarse a menos de una hora al día. Además, se recomienda siempre el uso bajo supervisión, evitar el acceso en dormitorios o baños y priorizar actividades fuera de los dispositivos.
13 a 16 años:
Para adolescentes, el límite recomendado es menos de dos horas diarias de pantallas fuera de cualquier uso escolar obligatorio. Además, el Plan sugiere retrasar el acceso al primer móvil con internet, fomentar controles parentales y mantener rutinas sanas que incluyan actividad física, sueño adecuado y tiempo sin tecnología.
La clave no es solo limitar el tiempo, sino también asegurar que el uso digital sea supervisado, seguro, educativo y equilibrado con otras áreas fundamentales del desarrollo, como el sueño, la actividad física, las relaciones sociales y la alimentación.
Estas recomendaciones se basan en la evidencia acumulada que muestra cómo el uso excesivo de pantallas puede afectar negativamente al sueño, aumentar el sedentarismo asociado a riesgos cardiovasculares y metabólicos, e influir en la atención y el bienestar general de los niños y adolescentes.
Acompañar a los adolescentes y niños en la construcción de hábitos saludables hoy es una de las mejores formas de cuidar su salud mañana.
