Cuando el miedo crece: cómo nacen las fobias infantiles y qué pueden hacer los padres

Las fobias infantiles son más comunes de lo que parece. A veces se confunden con simples miedos, pero una fobia es algo más intenso: provoca una reacción desproporcionada, persistente y difícil de controlar. Comprender cómo se originan ayuda a las familias a acompañar a sus hijos con calma, seguridad y empatía. Cuando el miedo crece: cómo nacen las fobias infantiles y qué pueden hacer los padres

¿Qué es una fobia y cómo se diferencia de un miedo normal?

Todos los niños sienten miedo en alguna etapa: a la oscuridad, a separarse de sus padres, a un ruido fuerte, a ciertos animales…

Esto forma parte del desarrollo.

Una fobia, en cambio:

  • Es un miedo extremo, irracional y muy intenso.
  • Aparece incluso cuando no existe un peligro real.
  • Interfiere en la vida diaria (dormir, jugar, acudir al colegio, etc.).
  • Provoca síntomas físicos: sudor, temblor, llanto incontrolable, palpitaciones, huida.

¿Cómo se originan las fobias en los niños?

Las fobias no tienen una única causa. Suelen surgir por la combinación de varios factores. Aquí están los más frecuentes:

Experiencias negativas o traumáticas

Un susto fuerte, una caída, un perro que ladra de repente, una noche de tormenta…

A veces basta una sola experiencia intensa para que el cerebro del niño la asocie con peligro.

El cerebro infantil aprende muy rápido a protegerse, y por eso ciertos estímulos quedan guardados como “amenaza”.

Miedo aprendido por observación

Los niños observan constantemente a los adultos.

Si un padre, madre o hermano muestra miedo ante algo (perros, aviones, insectos, oscuridad…), el niño puede aprender ese miedo sin haber vivido nada negativo.

Esto es especialmente frecuente en edades tempranas.

Sensibilidad emocional alta

Algunos niños tienen un sistema emocional más reactivo: sienten las cosas con mayor intensidad.

No es un problema: es una característica de su temperamento.

Pero, en combinación con un susto o una situación nueva, puede favorecer el desarrollo de una fobia.

Ansiedad general o etapas vitales sensibles

Cuando un niño está pasando por:

  • cambios familiares (mudanza, separación, nacimiento de un hermano)
  • inicio del cole
  • épocas de mucho estrés

su ansiedad basal sube, y un miedo puntual puede convertirse en una fobia mantenida.

Exceso de protección o evitación constante

Es natural querer proteger a los hijos. El problema surge cuando, sin darnos cuenta, evitamos siempre aquello que les da miedo:

  • “Mejor no vamos al parque porque hay perros”
  • “No lo dejo solo ni un segundo porque se asusta”

La evitación alivia a corto plazo, pero refuerza la idea de peligro y hace que el miedo crezca.

Imaginación infantil muy activa

Los niños pequeños tienen dificultad para diferenciar fantasía y realidad.

Una película, una historia o incluso un comentario puede alimentar imágenes mentales que desencadenen miedos intensos.

Predisposición genética

La ansiedad puede tener un componente heredable.

No significa que si un adulto tiene fobia su hijo la tendrá, pero sí puede existir más vulnerabilidad a desarrollar miedos intensos.

Señales de que un miedo puede estar convirtiéndose en fobia

  • Llanto o pánico extremo ante una situación aparentemente normal.
  • Evita por completo el estímulo (perros, agua, dormirse solo, volar, médicos…).
  • Cambios en el sueño o apetito relacionados con ese miedo.
  • Dolor de barriga o cabeza anticipando la situación.
  • Reacción desproporcionada que se repite en el tiempo.

Si el miedo empieza a limitar actividades cotidianas, conviene intervenir pronto.

Cómo pueden acompañar madres y padres

Aquí algunas claves prácticas:

Escuchar sin minimizar, evitar frases como “no pasa nada”, “no tengas miedo”, “eso es una tontería”. El niño necesita sentir que su emoción es válida.

Poner palabras simple a lo que siente, “Entiendo que tu corazón late rápido y eso te asusta, estoy aquí contigo.”

Exposición gradual y acompañada, el objetivo no es forzar, sino acercarse poco a poco al estímulo temido.

Reforzar cada pequeño avance, un paso pequeño es progreso: celebrarlo genera seguridad.

Evitar la evitación total, proteger demasiado, aunque se haga con amor, mantiene el miedo vivo.

Enseñar técnicas de calma, respiración lenta, contar hasta 10, apretar una pelota antiestrés…

¿Cuándo buscar ayuda profesional?

Aunque muchos miedos infantiles se resuelven con el tiempo, hay situaciones en las que es importante contar con el apoyo de un profesional. Pedir ayuda no significa que algo “grave” esté ocurriendo; significa que la familia quiere ofrecer al niño herramientas adecuadas para recuperar su seguridad y bienestar.

A continuación, se detallan los casos en los que conviene consultar con un psicólogo infantil:

1. Cuando el miedo interfiere en la vida cotidiana

Si el niño deja de hacer actividades que antes disfrutaba —ir al parque, dormir en su habitación, salir a la calle, participar en excursiones o relacionarse con otros niños— el miedo ya está afectando su día a día. Cuando un miedo limita rutinas normales, es una señal de que necesita acompañamiento especializado.

2. Cuando afecta al sueño, al rendimiento escolar o a sus relaciones

Los niños pueden mostrar:

  • Dificultad para conciliar el sueño.
  • Pesadillas recurrentes relacionadas con el miedo.
  • Distracción o bajada del rendimiento en el colegio.
  • Evitación de amigos, actividades o espacios.

Si el miedo empieza a “contagiar” otras áreas importantes, es recomendable actuar pronto para evitar que se cronifique.

3. Cuando genera ataques de ansiedad

Si el niño experimenta síntomas físicos intensos:

  • palpitaciones
  • sensación de ahogo
  • temblores
  • llanto descontrolado
  • ganas de huir
  • dolor de barriga o cabeza justo antes de enfrentarse al estímulo

es probable que el miedo haya escalado a una respuesta de ansiedad elevada. Un profesional puede ayudarle a regular estas sensaciones y a desactivar el miedo.

4. Cuando el miedo persiste más de 6 meses sin mejorar

Los miedos evolutivos suelen cambiar con la edad y disminuyen con el tiempo.

Pero si un miedo intenso:

  • se mantiene igual
  • empeora
  • o empieza a aparecer en más situaciones

durante un periodo prolongado, ya no se trata de un miedo pasajero, sino de una fobia que requiere intervención.

5. Cuando la familia no sabe cómo manejar la situación

Muchos padres hacen todo lo posible para tranquilizar a sus hijos, pero no siempre saben cómo actuar: ¿acompañar o exponer?, ¿explicar o distraer?, ¿fomentar la valentía o evitar el estímulo?

Si la familia se siente perdida o nota que, a pesar de los esfuerzos, el miedo no disminuye, un profesional puede orientar, enseñar estrategias y ofrecer un plan de acción seguro y eficaz.

¿Qué tipo de terapia se recomienda?

La terapia infantil más eficaz para tratar fobias es la terapia cognitivo-conductual.

Suele incluir:

  • técnicas de exposición gradual y respetuosa
  • herramientas para manejar la ansiedad
  • ejercicios para cambiar pensamientos negativos
  • participación activa de la familia

Las tasas de éxito son muy altas y, en la mayoría de los casos, el niño mejora notablemente en pocas semanas.En conclusión ,las fobias en los niños no aparecen “de la nada”. Su origen suele estar en una mezcla de experiencias, aprendizaje, sensibilidad emocional y formas de afrontar el miedo. La buena noticia es que se pueden superar con apoyo adecuado, paciencia y estrategias basadas en evidencia.

Acompañar sin juzgar, enseñar a gestionar el miedo y dar pasos progresivos son claves para que los hijos recuperen su seguridad.