El colecho puede ser una experiencia preciosa, os permite descansar mejor, favorece la lactancia, aporta seguridad a vuestro hijo y crea un vínculo muy especial. Pero llega un momento —por necesidad, comodidad o evolución natural de la familia— en el que muchos padres deciden dar el paso y pasar al niño a su propia cama.
Este cambio genera dudas, miedos y, a veces, sentimientos de culpa. Es normal. La buena noticia es que se puede dejar el colecho sin lloros, sin prisas y con mucho cariño. Aquí tienes una guía sencilla y realista para acompañar ese proceso.
Ìndice de Contenidos
- 1 Entender que es un proceso, no un día concreto
- 2 Elegir el momento adecuado
- 3 Preparar su habitación para que resulte acogedora
- 4 Empezar con presencia: no desaparezcas de golpe
- 5 Ir reduciendo poco a poco tu presencia
- 6 Crear una rutina predecible y tranquila
- 7 Validar sus emociones
- 8 Evitar amenazas o chantajes
- 9 Aceptar que puede haber noches difíciles
- 10 Celebrar cada pequeño avance
Entender que es un proceso, no un día concreto
Quitar el colecho no es apagar un interruptor. Igual que vuestro hijo se acostumbró a dormir acompañado, necesita tiempo para aprender a dormir en su propio espacio. Los adultos también lo necesitaríamos si nos cambiaran de cama de un día para otro. La clave está en asumir que será una transición gradual.
Elegir el momento adecuado
No siempre es buen momento para dejar el colecho. Evita cambios bruscos cuando tu hijo:
Este enfermo, el niño necesita más presencia, no menos. Su cuerpo está incómodo, puede tener fiebre, mocos, tos o dolores, y además suele estar más irritable o demandante. Intentar que duerma solo en ese momento puede aumentar su malestar y generar rechazo hacia su cama.
Cuando está viviendo un pico de apego o ansiedad, hay etapas en las que los niños buscan estar pegados a sus padres por crisis de separación, saltos evolutivos, terrores nocturnos, miedos a la oscuridad… Si en ese momento le pedimos “duerme solo”, la ansiedad aumenta, necesitará más apoyo y probablemente aparecerán más despertares. Es como pedirle nadar solo justo cuando le da miedo el agua.
Cuando está empezando guardería o colegio, la entrada a la escuela implica mucha adaptación como nuevas personas, nuevas rutinas, separación diaria… Crear otro cambio grande en casa —como dejar el colecho— puede hacer que el niño se sienta desbordado. En ese momento necesita sentir que su casa sigue siendo un lugar estable y seguro.
Cuando ha llegado un hermano nuevo, este es uno de los momentos más delicados. Con la llegada de un bebé, los niños suelen sentir celos, inseguridad o miedo a “perder” sitio emocional en la familia. Si justo ahí decidimos pasarle a su cama, puede interpretarlo como “Ya no hay lugar para mí”. No es que lo pensemos así los adultos, pero los niños lo viven de forma simbólica.
Mudanzas o cambios familiares, una mudanza, un cambio de habitación, un viaje largo, cambios en la rutina laboral de los padres… cualquier modificación en la vida del niño ya requiere adaptación. Añadir además el cambio de dormir solo puede generar tensión e inseguridad. Los niños necesitan estabilidad para aceptar un cambio en el sueño.
Preparar su habitación para que resulte acogedora
Hay niños que rechazan su cama simplemente porque no les resulta familiar. Prueba elegir juntos la ropa de cama. Coloca un peluche especial o un objeto de transición. Asegúrate de que la habitación sea cálida, suave y con luz tenue. Hagan pequeñas siestas ahí para que el espacio se asocie con descanso. La habitación debe ser un lugar donde el niño quiera estar, no un sitio al que “le mandamos”.
Empezar con presencia: no desaparezcas de golpe
El método más respetuoso es acompañar el sueño, no retirarse de repente. duerme unos días a su lado en una cama auxiliar. Siéntate junto a su cama y sostén su mano. Puedes acariciar su espalda hasta que se duerma. Permanece en la habitación mientras se queda dormido. Vuestra presencia da seguridad. Y la seguridad es lo que permite avanzar.
Ir reduciendo poco a poco tu presencia
Esto quiere decir, acompañar al niño mientras gana seguridad para dormir solo. Cuando veáis que se duerme tranquilo con vosotros cerca, podéis empezar a alejaros gradualmente. Al principio podéis estar pegados a él y, cuando lo viva con calma, pasar a sentaros a su lado. Más adelante podéis situaros un poco más lejos, después en la puerta y, finalmente, fuera de la habitación. No hay prisa en este proceso y, si algún día retrocede, no es un problema, simplemente indica que necesita un poco más de apoyo y cercanía para avanzar de nuevo.
Crear una rutina predecible y tranquila
Es fundamental porque una rutina clara ayuda muchísimo a que el niño se sienta seguro. Actividades como el baño, un cuento, un abrazo y una canción o frase que se repita cada noche construyen un momento especial y le permiten anticipar lo que va a ocurrir. La repetición ofrece seguridad emocional y, cuando la rutina es estable, el niño comprende el orden de las cosas y se siente más dispuesto y preparado para dormir solo.
Validar sus emociones
Si tu hijo llora, protesta o dice que quiere volver a vuestra cama, es normal. No significa que lo estéis haciendo mal.
Podéis decirle cosas como:
“Entiendo que quieras dormir con nosotros, estabas acostumbrado.”
“Yo estoy aquí, estás seguro.”
“Sé que es difícil, pero poco a poco lo conseguiremos juntos.”
Validar no es ceder: es acompañar desde la calma.
Evitar amenazas o chantajes
Nada de “si no duermes aquí, no habrá X” o “los niños mayores duermen solos”.
Eso genera inseguridad y baja autoestima. El objetivo no es que duerma solo por miedo, sino que lo haga porque se siente capaz y acompañado.
Aceptar que puede haber noches difíciles
Incluso cuando ya duerme bien en su cama, puede haber rachas de regresión: viajes, pesadillas, gases, saltos evolutivos… No es un fracaso. Es parte del proceso.
Sed flexibles: si un día necesita más cercanía, se la dais y al día siguiente retomáis la rutina.
Celebrar cada pequeño avance
Cada siesta en su cama, cada noche que duerme unas horas seguido, cada paso cuenta. Reconocedlo, celebradlo juntos y recordadle siempre que estáis a su lado.
En resumen quitar el colecho no tiene por qué ser una batalla. Con paciencia, presencia y mucho cariño, vuestro hijo aprenderá a dormir solo cuando esté listo. Vosotros sois su lugar seguro. Y cuando se siente seguro, todo es más sencillo.
También te puede interesar
